Implicando a la biodiversidad para un empleo digno

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“La base misma de la dignidad humana es vivir "de pie", no ser arrastrados por la máquina de la historia y reducidos a meros engranajes de un sistema social antropófago.”1

Me gustaría antes de introducirme de lleno en este artículo dejar claro un apunte sobre lo que voy a considerar como precariedad laboral, porque aunque existen muchas causas para denominar un trabajo como precario, en este artículo utilizaré dos, las cuales considero como las más importantes. A saber, riesgos para la salud humana y degradación social de una comunidad, entendida como la pérdida de identidad, dignidad, etc. No quiere decir esto que minimice la importancia de otras formas de precariedad laboral como es la discriminación racial, sexual, religión,… acoso en el trabajo, sueldos indignos, etc. Pero como se verá a lo largo de este artículo el centrarme en esos dos primeros aspectos ha hecho posible la relación entre precariedad laboral y medio ambiente.





La precariedad laboral viene asociada en multitud de ocasiones con aquellos trabajos o sectores laborales que atentan contra el medio ambiente y la biodiversidad. Pero sobre todo se puede analizar el caso recíproco, es decir, las causas de los atentados contra la biodiversidad (cambio climático, contaminación,…) hacen que ciertos empleos se conviertan en precarios.

Primus: Para realizar esta afirmación tan rotunda me he basado en una recopilación, y posterior comparación, que he hecho sobre algunos empleos que son considerados como “precarios”. Ya en el número anterior de esta revista, se hacía referencia a un conflicto laboral producido en España en el año 1888, en la mina de Río Tinto “…entre otras reivindicaciones estaba la de erradicar los humos sulfurosos del proceso de calcinación para la obtención del cobre a partir de pirita…”2

Quizás no haya que remontarse tanto tiempo y ver los casos producidos en el siglo pasado (S XX).

Secundus: Uno de los casos más sonados en España ocurrió sobre la década de los 60 y 70, cuando en este país se empezó a utilizar el amianto como aislante para los edificios. Se sabe que este material matará entre 40.000 y 55.000 personas en España en los próximos 30 años y unas 500.000 en toda Europa. No cabe duda que el trabajar con este producto ha matado y seguirá matando a muchas personas, pero además para la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) tampoco cabe duda que dicho aislante cause un grave impacto en el medio ambiente, ya que ha incluido este producto en su lista CFP (Consentimiento Fundamentado Previo, establecido en el convenio de Rótterdam y aplicado a ciertos plaguicidas peligrosos).

Aunque posteriormente me centraré en la cuestión más evidente de la precariedad laboral producida por los cambios en la biodiversidad (expuesto en el último caso de este artículo), me gustaría resaltar otros trabajos en los que conviven los dos aspectos fundamentales del estudio precariedad laboral-medio ambiente.

Tertius: Parecería contradictorio que de la boca de un ecologista saliera la frase “el reciclaje es perjudicial para el medio ambiente y para la salud humana” pero esto se hace cierto si hablamos del reciclaje de componentes electrónicos. Muchas organizaciones medioambientalistas, naturalistas y sindicatos se han puesto de acuerdo en decir que ciertas prácticas de reciclaje son perjudiciales para el medio ambiente y para el hombre. En Asia y centro América, miles de personas trabajan reciclando aparatos electrónicos, que se encuentran en vertederos, sin ninguna protección, a pesar de que estos componentes poseen químicos persistentes y metales pesados (plomo, mercurio, cadmio y berilio). Los riesgos para la salud quedan claros si hablamos de malformación de fetos, deterioro intelectual del niño (en el caso del plomo), afecciones de riñón y huesos (con el cadmio), daños en el sistema nervioso central (mercurio),…3 pero además, todos estos componentes (un teléfono móvil contiene entre 500 y 1000 componentes), permanecen en el medioambiente, perjudicando tanto al ser humano (como hemos visto anteriormente) como a la biodiversidad. “[…] en China, Pakistán, la India y diversos países africanos, los trabajadores que desmantelan los artefactos domésticos y productos de electrónica se ven expuestos al ácido, el plomo y las toxinas que se liberan al quemar los restos. Hay al menos dos áreas de China, Guiyu y Taizhou, que se han convertido en centros de esta actividad y han sufrido una contaminación extrema; según algunos activistas, todos los pozos de Guiyu están contaminados y hay que llevar el agua en camiones cisterna. […]”4

Quartus: Raúl Montenegro 5, en un estudio sobre el impacto ambiental, social y sanitario de las minas de oro, deja clara la relación entre los tres impactos mencionados. Es el caso de las minas en Cordón Esquel (Argentina). Se utilizan dos métodos para la extracción de oro en estas minas, el del cianuro y el del mercurio. Obviaré el método en sí, que aparece muy bien explicado en el documento de Raúl Montenegro y me centraré en las consecuencias ambientales y sociales que esta práctica genera en las zonas de extracción.



El cianuro permanece almacenado en el suelo, agua y aire durante largos periodos de tiempo, tanto que una vez cerrada una mina pueden seguir dañando a los sucesores de los que ahí viven. En el caso de esta mina y muchas otras los niveles de cianuro sobrepasan los aconsejados por la EPA (Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos) degradando de esta forma la biodiversidad (incluido el ser humano, provocando debilidad de los dedos de las manos y los pies, dificultad para caminar, visión con penumbras y sordera,… en el caso de que la exposición fuera muy débil 6). Pero no sólo se utiliza cianuro para la lixiviación del oro, también se usa plomo y zinc. La exposición al plomo en mujeres embarazadas produce alteraciones en el desarrollo fetal. Se pueden producir nacimientos antes de término, reducción del peso al nacer y disminución del cociente intelectual. Según la IARC (Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer), altas exposiciones al plomo son cancerígenas (tanto para niños como para los adultos, aunque los primeros absorben un 50% de los que ingestan y los adultos únicamente un 10%). El zinc puede afectar al sistema digestivo y algunos compuestos de éste producen cáncer (IARC).

Además de estos efectos sobre la salud, el impacto social es enorme, tanto en el transcurso de explotación de la mina como a partir del cierre de la misma. Después de años haciendo mella el cianuro, mercurio, zinc, plomo y todos sus derivados, estas minas dejan un panorama desolador, familias destruidas por la enfermedad que durarán generaciones, la falta de recursos económicos durante la explotación de la mina (los cabeza de familia y los niños, que son los que trabajan, van enfermando y dejando de trabajar en la mina) y después de su cierre (ya que los salarios eran mínimos y sin posibilidad de ahorrar en previsión del cierre de la mina, además de que no suele haber planes de regulación), poblaciones indígenas aniquiladas ya sea por drogas, alcohol, consumismo o incluso en ocasiones genocidios no reconocidos, para su control y dispersar de esta forma sus luchas y reivindicaciones.

Se ha querido recoger con este caso de las minas de oro lo que está sucediendo en toda Latinoamérica, Asia y África, ya sea con el oro, el petróleo, los diamantes, el gas, la plata, el carbón,… ya que en todas (salvo muy pocas excepciones) las minas se producen las siguientes consecuencias: enfermedades asociadas a los elementos utilizados para la extracción de los minerales, destrucción de la biodiversidad (ya sea por deforestación, contaminación con metales pesados, aguas de formación,…), destrucción del tejido social y cultural (destrucción del núcleo familiar e introducción de la cultura del capitalismo en detrimento de culturas comunales), eliminación de alternativas de trabajo (el campo y la ganadería, como parte de la biodiversidad de estas regiones, quedan totalmente inutilizables) y por último la supresión de esa dignidad que poseían los trabajadores antes de ser explotados en estas minas, que más que de oro parecen de sangre.

Es evidente que en los casos presentados en los párrafos anteriores, el ser humano ha salido perjudicado (cuestión que también entra dentro del campo de la ecología), pero dado que en esta sociedad antropocentrista se presentan en muchas ocasiones los problemas del hombre y la mujer casi con exclusividad, en este artículo nos hemos centrado más en la biodiversidad (esa casa donde vivimos) como la perjudicada por la acción de unos trabajos precarios para el ser humano.

Quintus: Uno de los trabajos que se han convertido en precarios por culpa del impacto del ser humano en el medio ambiente se puede ver en la ciudad de Quito (Ecuador) donde, debido a la enorme contaminación de la ciudad 7, la guardia urbana deben trabajar con mascarillas protectoras del humo si no quieren obtener una disminución de la capacidad mental o infecciones respiratorias crónicas que están en la lista de efectos (según la Fundación Natura).

Sextus: Existen en este mundo lugares donde todas estas injusticias medioambientales y de precariedad laboral han llevado a crear reductos de resistencia, donde un conjunto de personas se ven obligadas a trabajar para salvaguardar, ya no sólo el medio ambiente, sino también su dignidad y sus trabajos (a menudo tradicionales). Este es el caso de las Fumigaciones en la frontera de Ecuador con Colombia.



  1. Causa: El gobierno colombiano de Uribe, en colaboración con EE.UU. llevan a cabo el plan Colombia 8, donde uno de sus objetivos es acabar con las plantaciones de coca que existen en este país (principalmente en la zona fronteriza con Ecuador). Para acabar con la planta de coca la solución está en fumigarla con herbicida. Esta fumigación contiene dos errores, el primero cómo se fumiga y el segundo con qué se fumiga. La fumigación se hace aérea, con lo que el herbicida se puede trasladar por el aire hasta zonas donde no sea necesario (o mejor dicho donde sea peligroso); el herbicida no es precisamente el utilizado en nuestro país para matar las malas hierbas sino que su concentración supera con creces los permitidos por la OMS (Este herbicida se debe aplicar por vía terrestre en dosis máximas de cuatro litros por hectárea. En la frontera se están aplicando hasta 16 litros por hectárea, con una concentración del producto al 100%, cuando la concentración del glifosato, comercialmente, es de 48%).
  2. Efecto: Los agricultores de la zona fronteriza en el país de Ecuador sufren constantes pérdidas en sus plantaciones y por tanto de su modo de vida (caña de azúcar, plátano, ganadería, … unas 34.000 hectáreas), además de las enfermedades producidas por el contacto a este producto (irritaciones dérmicas y oculares, náuseas y mareos, edema pulmonar, descenso de la presión sanguínea, reacciones alérgicas, dolor abdominal, pérdida masiva de líquido gastrointestinal, vómito, pérdida de conciencia, destrucción de glóbulos rojos, arritmias cardíacas y daño o falla renal) 9. No hemos tenido en cuenta aquí las consecuencias que puede llegar a producir en la biodiversidad.
  3. Lucha: Tanto la ONG ecuatoriana Ecologistas en Acción como la Federación de Organizaciones Campesinas del Cordón Fronterizo de Sucumbíos (FORCCOFES) luchan constantemente para erradicar esta práctica de “lucha contra la droga” que no hace más que sumir en la pobreza a los campesinos y ganaderos de una de las zonas mas ricas del planeta en biodiversidad. El día a día de esta gente consistía en sacar adelante sus cosechas y de esta forma sobrevivir. La supervivencia (a la cual estaban acostumbrados desde hacía muchos años), ha dejado paso al hambre y la miseria, pero también a algo más esperanzador, a la dignidad de una lucha por algo que les han arrebatado, que les hemos arrebatado.

El caso anterior es un claro ejemplo de la lucha por la dignidad, pero cuando nos trasladamos a Europa o EE.UU. resulta complicado realizar estas luchas sin ser tachado de loco o radical, aunque la dignidad corra el mismo peligro. Denunciar estos ejemplos ya no parece suficiente. Como dice Joan Martínez Alier, debemos pasar de ser reactivos a ser proactivos, es decir, tenemos que llevar la iniciativa, premiar aquellas empresas que mantengan un mínimo de ética para con los empleados y el medio ambiente, incluso crearlas; formar al empresario en una educación en valores, que respeten antes que nada el valor de la ecología y el de sus empleados como personas y no como un valor añadido más al que cuantificar a la hora de poner precio a una empresa.

Existen muchos ejemplos de este tipo, desde cooperativas sociales hasta las que apuestan por colocarse en pequeños núcleos rurales como la empresa de reciclaje de el Burgo de Ebro (Zaragoza), ya no sólo por crear empleo en una zona desfavorecida, sino porque se han regido por algunas normas éticas a la hora de poner unas condiciones de trabajo a sus empleados.

Denuncias se pueden hacer siempre, desde las cuencas mineras de Teruel hasta las obras de la M-30 de Madrid, desde los trabajadores del núcleo de una central nuclear hasta el campesino de una explotación de monocultivo en Brasil; pero ha llegado el momento que la denuncia ha perdido toda su efectividad por culpa de la insensibilización de la humanidad, muchas veces producida por el exceso de reivindicaciones. ¿Qué otra vía les queda a las organizaciones, asociaciones, colectivos,… que luchan por este cambio? En mi humilde opinión es la “organización”, creando una reivindicación única, desde diferentes campos, pero hacia el mismo punto, con los medios de los que cada uno puede obtener pero coordinados hacia el objetivo. Existen puntos de referencia como las coordinadoras de ONG’s medioambientalistas, los partidos Verdes o incluso el mismo Foro Social Mundial.

A estos son a los que debemos acudir, con los que debemos colaborar y a los que se les tiene que tener en cuenta a la hora de decidir en muchos de los temas expuestos en este artículo.

NOTAS.

1 Juan Daniel Perrotta, “apuntes sobre ecología humana y urbana”, EditArte DGtal E-books

2 http://www.entrecavando.org/articulos/Un-%c3%a9xodo-por-lo-natural.aspx (visitada el 5 de febrero de 2007)

3 Tóxicos en la industria electrónica (greenpeace).

4 Ilícito, Moisés Naím, editorial DEBATE, 1ª ed. 2006

5 Biólogo de la universidad de Córdoba (Argentina) y presidente de la Fundación para la defensa del Medioambiente.

6 Departamento de salud y servicios sociales estadounidense.

7 Al encontrarse a 3000 metros de altura el oxígeno escasea y por tanto la combustión de los carburantes de los coches no realiza el ciclo completo y produce una contaminación mayor de lo normal. Además de encontrarse rodeada de montañas que impiden la fluidez del aire.

8 se puede encontrar información sobre el plan Colombia en http://es.wikipedia.org/wiki/Plan_Colombia (visitada el 17 de abril de 2007), pero también en cualquier página de denuncia, de ONG y de organizaciones críticas con este plan. Se puede encontrar en la página del gobierno colombiano multitud de documentos referentes a este tema http://cne.presidencia.gov.co/sne/2004/enero/10/02102004.htm (visitada el 17 de abril de 2007)

9 www.accionecologica.org y www.voltairenet.org


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1 comentarios

Anónimo  

Hola me parece muy interesante todo lo que cuentas, estoy de acuerdo contigo en casi todo sobretodo en ecologia, creo que esta sociedad sea a costumbrado a tenrlo todo hecho y a pensar en si mismo, la gran mayoria de las personas crean unas dependencias que les impiden desarrollarse y creer en sus capacidades tanto intelectuales como fisicas, Soy una blogera de huesca que he participado activamente en zaragoza en el comercio justo y que intenta crear para consumir lo menos posible.
Http://mixina.nireblog.com

22 de junio de 2008 a las 5:34

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